La República de Nueva Granada 1830-1850
Gobierno del General Santander y Guerra de los Supremos
Disuelta la confederación grancolombiana, la actual República de Colombia comienza su vida de Estado independiente con el nombre de República de Nueva Granada. Reunido un Congreso Constituyente se dotó al país de una carta acentuadamente conservadora y se eligió Presidente al General Francisco de Paula Santander, quien se hallaba exiliado en Europa. Asumió el poder el 1º de abril de 1833.
Su administración, que termina en 1837, se caracterizó por su estabilidad e intensa labor administrativa. Fomentó el desarrollo de las manufacturas, por el sistema de privilegios de exclusividad durante períodos de 20 a 25 años. Se fundaron en Bogotá fábricas de loza, textiles, fundiciones de hierro, jabones y productos químicos. Muy pocas de ellas subsistieron, por defectos de planteamiento, escasez de mercado e inexperiencia técnica. Santander practicó una política conservadora en materias fiscales, pues mantuvo los gravámenes y monopolio tradicionales, principalmente el del tabaco que seguía siendo uno de los ingresos más importantes del Estado. En materia de comercio exterior mantuvo una tarifa legal proteccionista de las manufacturas nacionales. También se dio nuevo impulso a la educación pública fundando el Museo Nacional, que agrupó a los escasos investigadores que en el campo de las ciencias naturales tenía el país.
La administración Santander tuvo que hacer frente a la oposición política de antiguos núcleos Bolivarianos y a una conspiración encabezada por el general español José Sardá, quien había hecho la guerra de independencia al servicio de la República. La conspiración fue debelada con dureza y 17 de sus principales actores fueron fusilados con asistencia personal del Presidente. Un año después, agentes del gobierno dieron muerte al general Sardá quien, había escapado a la primera ola de represión.
Al General Santander sucedió el doctor José Ignacio de Márquez (1837-1841), jurista perteneciente al ala moderada del elemento civil, elegido contra el querer del antipo jefe del gobierno quien apoyaba al general José María Obando para sucederle. La tensión entre los antiguos generales y el grupo político denominado entonces "ministeriales", dio el tono al gobierno de Márquez, quien tuvo que hacer frente a la primera guerra civil del país. Al finalizar el año de 1839, varios de los caudillos militares que aún conservaban influencia y poder en las provincias, se rebelaron asumiendo el nombre de "Jefes Supremos". La cabeza visible de la revolución fue el General José María Obando, quien se levantó en Pasto, provincia que siempre había sido desafecta a los gobiernos republicanos. La guerra de los "supremos", que duró dos años, dejó al país empobrecido y devastado.
Al terminar el gobierno del doctor Márquez en 1841, fue elegido Presidente el General Pedro Alcántara Herrán (1841-1845), militar moderado, vinculado por lazos de familia a la casa de los Mosquera de Popayán. En 1842, se dio al país una nueva constitución que reforzó el carácter centralista del Estado y fortificó los poderes presidenciales. Comenzaron entonces a dibujarse con mayor nitidez las corrientes políticos que pocos años más tarde darían lugar a la formación de los partidos liberal y conservador y al comienzo del sistema bipartidista, que ha singularizado a la vida política colombiana. La orientación del gobierno de Herrán tuvo carácter marcadamente conservador. Su figura central fue el doctor Mariano Ospina Rodríguez, quien como encargado de la educación pública, propició el regreso de los Jesuitas y organizó la enseñanza orientándola hacia las carreras técnicas y dándole estrictas normas disciplinarias.
La administración del General Tomás Cipriano de Mosquera (1845-1849), que siguió a la del General Herrán, se, distinguió por su espíritu reformista y modernizador. Mosquera, vástago de una familia aristocrática de la ciudad de Popayán, representó el tipo de caudillo salido de la guerra. Elegido por las fuerzas conservadoras, está, sin embargo, impregnado de mentalidad modernizante y positivista. Tenía la obsesión de las grandes vías de comunicación y de la formación de una clase dirigente técnica, en la cual los ingenieros tuvieran un papel dirigente. Regularizó la navegación a vapor en la arteria básica de salida del interior del país al océano Atlántico, el Río Magdalena; dio comienzo a la construcción de un ferrocarril en el istmo de Panamá; reorganizó el sistema monetario e introdujo el sistema métrico de pesas y medidas. Fundó el Colegio Militar como escuela de ingeniería, bajo la dirección del italiano Agustín Codazzi y contrató los servicios de matemáticos, químicos y naturalistas europeos para impulsar la enseñanza de las ciencias.
Tanto la economía como la estructura social del país, sufrieron pocos cambios profundos en los años que corren entre la fundación de la República y 1850. El período fue de acentuado carácter conservador, a pesar de que las normas constitucionales del Estado se inspiraron en el pensamiento liberal. La clase dirigente seguía compuesta de terratenientes, antiguos funcionarios coloniales, letrados y militares que habían alcanzado altas posiciones políticas como resultado de su participación en la guerra emancipadora.
Desde el punto de vista comercial, el país entró en contacto con el mercado internacional, pero su comercio exterior se orientó casi exclusivamente hacia Inglaterra, que entonces se encontraba en plena revolución industrial y se aprestaba a invadir los mercados americanos y a exigir compensaciones económicas por el apoyo militar y político y financiero que había prestado al proceso de emancipación. Por la misma época se inició también el comercio con los Estados Unidos, desde luego en proporciones menores. El país exportaba oro y en menor medida algunos productos agrícolas y ganaderos, como tabaco, algodón y cueros, pero con excepción del algodón, que llegó a valer el 10% de las exportaciones, ninguno de ellos alcanzó importancia considerable. Las cifras de exportación que apenas sobrepasaron ligeramente las de finales del período colonial, fluctuaron entre los dos y tres millones de pesos. Las importaciones incluían textiles, sobre todo de lana, quincallería, mercería y algunos artículos de lujo destinados al consumo de la clase alta de las ciudades, particularmente Bogotá.
El comercio interior sufrió también pocos cambios. Las manufacturas de Santander y Boyacá -lienzos, cordelería, batanes- seguía enviando sus productos a Antioquia, que con su producción minera alimentaba un activo comercio que iría dando creciente predominio al grupo antioqueño en las actividades financieras y en el comercio interior y exterior. El mal estado de los transportes seguía siendo el gran obstáculo para la formación de un mercado nacional.
La política económica de los gobiernos de este período, se caracterizó por sus vacilaciones entre el liberalismo económico que propugnaban algunas figuras prominentes de la política como Vicente Azuero y Florentino González y el proteccionismo que practicaron los gobiernos de Santander y Márquez, quienes estimularon la formación de algunas industrias -loza, vidrio, textiles, hierro, papel- e insistieron en la defensa de las manufacturas tradicionales amenazadas por la competencia de los productos británicos. El poco éxito de las nuevas empresas fabriles, el fortalecimiento del grupo comerciante y la penetración de los capitales ingleses, crearon las condiciones para el predominio del liberalismo económico en la segunda mitad del siglo.
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